Todo empezó un día que entré en la academia de inglés que estudiaba. Me fijé en un cartel que hablaba sobre un viaje que se estaba organizando a Nueva York, era para alumnos de la academia, y se podía llevar un acompañante. Llegué a casa todo ilusionado y pregunté a mis padres si había alguna remota posibilidad de que me dejaran ir. Me dijeron que se lo pensarían y lo tomé como un NO.
Al día siguiente me dijeron que sí que iba a ir, y que mi hermano vendría conmigo. Los dos estábamos muy ilusionados porque veíamos la Gran Manzana como algo demasiado grande para cualquiera de nosotros.
El día 9 de Junio de 2009 montábamos en un avión en el aeropuerto de Madrid dirección New York hasta el aeropuerto de Kenendy. Nueve horas pasamos en el avión, fueron realmente agotadoras pero sabíamos que merecería la pena. Llegamos y aun era de día, nada más bajar del avión nos invadió un olor y una atmósfera que nunca olvidaríamos. Mientras salíamos del aeropuerto se mezclaban a nuestro alrededor cientos de nacionalidades, idiomas, personas de diferentes colores, con ropas diferentes a las nuestras y hablando idiomas que resultaban dificilísimos a nuestros oídos. A la salida del aeropuerto nos esperaba un autobús. Ya dentro, un guía de nacionalidad sudamericana nos estuvo hablando de la historia de Nueva York, los barrios en los que se dividía y otras cosas de interés.
Cruzamos un puente y de repente nos dijo el guía: "¡Bienvenidos a la isla de Manhattan! Welcome to Manhattan", ¡era impresionante! Se estaba haciendo de noche pero la ciudad estaba tan iluminada que parecía como si nos estuviera dando la bienvenida. No tardamos mucho en llegar a nuestro hotel, este estaba justo al lado del famoso Central Park, cruzabas la calle y ya te encontrabas en él, mala suerte que mi habitación y la de mi hermano daban a un odioso patio de luces que tenía unos aparatos que hacían un ruido endemoniado, y además, ¡¡¡no había persianas!!! Ahora sé que en casi ningún país las hay, pero acostumbrada a la oscuridad de mi habitación en España, esa primera noche me costó dormir.
A la mañana siguiente nos despertamos temprano por la emoción de querer empezar a ver sitios. Fuimos a desayunar a una cafetería que estaba cerca del hotel donde la chica no nos entendía, al final conseguimos que nos pusiera un buen desayuno, y la verdad es que aquel extraño bocadillo redondo de jamón y queso (ni parecidos al jamón y queso españoles) estaba bastante rico. Volvimos al hotel donde ya nos esperaban los profesores de la academia y nos pusimos en marcha.
Bajamos en una boca de metro, yo ya me imaginaba el metro como el de las películas, todo lleno de mendigos y gente durmiendo en el suelo, pero como de costumbre las películas no muestran nunca la verdad, y esta vez también se confundían, el metro era bastante grande pero no había mucha gente, solo alguna que por sus ropas iban a trabajar. Cogimos el metro y nos llevó hasta el centro de la isla. Nada más salir de la boca de metro los profesores nos avisaron: "Ahora ya podéis mirar para arriba", ¡¡era cierto!! Los edificios eran enormes, a veces costaba levantar tanto la cabeza, eran preciosos a la vez que alucinantes.
Estuvimos toda la mañana viendo los teatros, los edificios, algunas tiendas y sacando miles de fotos a todo, sobre todo a los taxis amarillos, en eso si que las películas no mienten, los hay por todas partes, la carretera está llena de coches amarillos, y de vez en cuando ves la típica imagen de: "TAXIIII". Luego cogimos un bus y nos fuimos a ver la casa de John Lenon, que se llama edificio Dakota, este se encuentra justo al lado de Central Park, así que al acabar de verlo nos adentramos en la naturaleza del parque.
Es realmente impresionante como puedes pasar del ritmo frenético de la ciudad al ambiente de tranquilidad en solo varios pasos. Nada más empezar a andar ya apareció ante nosotros la típica imagen de los campos de béisbol y la gente jugando, tumbada en el césped, leyendo un libro debajo de la sombra de un árbol o jugando con los más pequeños a la pelota. Ya era mediodía así que paramos a comer en un sitio donde había unas cuantas mesas rodeadas de carros de perritos calientes y más comida rápida. Yo cogí un perrito y... mmmm... ¡¡estaba buenísimo!! No se si era por la situación de estarlo comiendo en Nueva York o porque sabían distintos de los de aquí, pero estaba delicioso.
Acabamos de comer y nos dirigimos a la famosa 5ª Avenida, es tal y como yo había soñado, ya que estábamos en esa calle nos pasamos a ver Rockefeller Center, realmente impresionante también. Y de allí pasamos a al magnífico Empire State, esperamos un poco de cola y nos subieron en un ascensor. Solo os digo que los números del ascensor cuando va subiendo iban de 10 en 10 y parecía que saldríamos disparados, luego sabríamos que este ascensor sube y baja a una velocidad de 366 metros por minuto.
Acabamos de comer y nos dirigimos a la famosa 5ª Avenida, es tal y como yo había soñado, ya que estábamos en esa calle nos pasamos a ver Rockefeller Center, realmente impresionante también. Y de allí pasamos a al magnífico Empire State, esperamos un poco de cola y nos subieron en un ascensor. Solo os digo que los números del ascensor cuando va subiendo iban de 10 en 10 y parecía que saldríamos disparados, luego sabríamos que este ascensor sube y baja a una velocidad de 366 metros por minuto.
Llegamos al mirador y ¡¡buff!, parecía que volábamos sobre la ciudad, allí arriba no tienes edificios del mismo tamaño a tu alrededor y si miras para abajo solo ves enanos taxis amarillos, ni siquiera aprecias a la gente que va andando por la calle, las vistas te quitan la respiración y es difícil no asombrarte de todo cuanto te rodea. Bajamos después de una hora y de aquí ya nos fuimos al hotel de nuevo, había sido nuestro primer día en la Gran Manzana, pero había cundido muchísimo.
Al día siguiente fuimos a otra cafetería a desayunar, por eso de probar, fuimos a una donde se vendían unos donuts riquísimos, de todos los colores: rosas, amarillos, azules, blancos... Era lunes por lo que también vimos los típicos autobuses escolares amarillos llenos de niñas y niños pequeños y mayores con cara de dormidos. Volvimos a coger el metro y nos fuimos a la punta de debajo de todo de la isla, el plan para esa mañana era coger un ferry que nos llevaría hasta otro de los barrios de Nueva York, State Island. El ferry pasaba relativamente cerca de la Estatua de la Libertad, y si mirabas hacia atrás se veía un paisaje que nunca olvidaré, los edificios de la zona rica de Manhattan como si fueran de juguete, era maravilloso.
Nada más llegar a la isla, volvimos a coger el ferry de vuelta. Recomiendo este ferry a todas aquellas personas que viajen a Nueva York porque es gratis, es para la gente que trabaja en State Island y las vistas merecen la pena. Después de bajar del ferry y como estábamos en la zona de los negocios fuimos caminando por las calles, viendo estatuas conocidas como la de La Bull, y otras más.
También vimos el edificio de la Bolsa de Nueva York, con docenas de policías a su alrededor. De allí nos fuimos a uno de los paisajes más tristes de la isla, World Trade Center, también conocida como al zona cero o lugar donde se encontraban las torres gemelas. Aún a estas alturas aquello sigue en obras, en una parte de las verjas se encuentra un tablón titulado: "Los héroes del 11-S" donde aparecen todas las personas que murieron en aquel trágico atentado.
Es muy desolador ver aquello. También hay fotos del propio día, de las torres antes y de gente, bomberos y policías. Después de dar un paseo por aquella zona, en la cual se encuentra también el hotel Hilton, pues nos fuimos al puerto. Allí compramos las entradas para un musical de Brockway, en esta tienda las entradas son mucho más baratas porque tienen aquellas butacas que quedan libres para espectáculos muy cercanos a la fecha. Nosotros nos decidimos por ir a ver "Chicago", y cogimos la entrada para el propio día.
Como teníamos que ir al teatro y esperar, fuimos a ver la plaza de Times Square, llena de carteles de publicidad por todas partes, el más famoso el de Coca-Cola. Estaba llena de gente y de coches.
Cuando llegó la hora nos fuimos a la entrada del teatro donde íbamos a ver el musical. Nos quedamos alucinando al llegar, toda la gente vestida con sus mejores galas y nosotros vestidos como turistas que éramos, aun así, nadie nos miro mal. Entramos y buscamos nuestro asiento, el cual estaba... ¡¡en segunda fila!! Veíamos perfectamente a los actores y el escenario. El musical fue todo en inglés pero, aun así, con mi medio nivel de inglés entendí el argumento de la historia. Salimos al acabar bastante contentos por lo que habíamos visto y por el buen precio al que habíamos comprado las entradas. Dimos otro pequeño paseo por la iluminada Times Square, volvimos para el hotel y nos pusimos a dormir.
Por la mañana, decidimos que ese día no iríamos con el grupo, así que mi hermano y yo nos fuimos con dos amigos nuestros por nuestra cuenta. Ya habíamos pisado Queen, Manhattan y State Island, así nos decidimos a pisar el Bronx. Más tarde las profesores nos llamarían locos por haber ido, pero estuvo bien la experiencia. Montamos en el metro que nos llevaría al Yankee Stadium, cuanto más se acercaba nuestra parada, más gente iba bajando de él, llegamos a asustarnos y pensar que nos iba a pasar algo. Bajamos del metro, y todo era distinto, la parada era exterior y estaba todo lleno de gente de raza negra. Había muchas pintadas en las paredes del metro y en los muros de la carretera. Bajamos a la acera para pasar por debajo de la vía y subimos por el lado contrario, justo a nuestro lado se encontraba el famoso estadio de los Yankee, del cual no pudimos ver nada más que el exterior. Con la satisfacción de haber pisado el famoso y temido Bronx volvimos a montar en el tren dirección a la isla.
Esa mañana estuvimos viendo la Grand Central Terminal, es enorme y muy bonita; después de haber estado nos enteramos que ocurre una cosa muy curiosa, y es que hay varias esquinas en la estación y si se pone una persona en cada una escuchas a la perfección lo que está diciendo la otra. Al salir fuimos a ver el edificio Chrysler, famoso por ser muy alto y tener una curiosa forma de su punta. El recibidor del edificio era muy lujoso y los ascensores estaban muy bien decorados. No nos dejaron subir así que nos fuimos a la Sede de las Naciones Unidas. El edificio por fuera ya era impresionante, con todas las banderas delante de él. Aunque luego nos enteramos de que no es en el famoso edificio azul donde se encuentran las salas. Si no en un edifico bajo y cercano en el cual pagamos entrada para entrar a curiosear. Nos dieron las explicaciones en castellano y nos fueron enseñando las diferentes salas que en esos momentos no estaban siendo utilizadas.
Acabamos nuestro recorrido y ya teníamos hambre así que decidimos ir a dar un paseo por Little Italy y Chinatown a ver si encontrábamos algún restaurante donde comer bien. Encontramos un Italia a buen precio y comimos todos pasta.
Ya por la tarde, y después de a ver visto muy por encima los 2 curiosos barrios, decidimos pisar el último de los barrio de Nueva York: Brooklyn. Habíamos leído en una guía que una de las cosas que había que hacer al ir a Nueva York era cruzar el punte de Brooklym desde Manhattan y sin mirar atrás y en el momento que te encuentres en el medio mirar. Como no queríamos irnos de allí sin hacerlo, nos pusimos todos a cruzar el puente mirando todo el rato para adelante. Al llegar al medio nos dimos la vuelta y... una imagen preciosa apareció ante nuestros ojos. La maravillosa isla con la luz del sol tras ella brillaba y tenía vida propia. Es maravilloso, pero después de ver la isla desde el Empire, tampoco nos impresiono tanto. Se debía de hacer esto nada más llegar y sin conocer. Acabamos de cruzar el puente sacando todas las fotos posibles.
Al llegar al otro lado cogimos un metro otra vez de vuelta. Habíamos quedado con los profesores y el resto del grupo en el edificio Flatiron, conocido por su forma triangular y por ser el primer edificio con ascensor Otis. Nos llevaron al puerto, donde hay una bolera enorme, y muchos barcos, además de canchas de tenis, gimnasios, etc. Volvimos pronto para el hotel, puesto que en la bolera estaban con una competición y no había pistas libres.
Nos despertamos temprano y cogimos el metro para ir a ver el Museo de Historia Natural. Es realmente precioso, los decorados y los fondos tienen un efecto tan real que parece que te encuentras dentro de él. Para los niños pequeños es muy bonito. Además de ser grande y con muchas salas de distintos temas. Al acabar de verlo, muy por encima, salimos y cruzamos Central Park para ir al Museo Metropolitano. Mientras íbamos por el medio del parque nos iban saliendo al paso ardillas, pajarillos, etc. La atmósfera que se respira en aquel parque es magnífica y es bastante largo de cruzar pero las vistas son perfectas. Llegamos al museo, la entrada es libre, puedes pagar lo que quieras pero hay un mínimo recomendable y te dan una chapa, cada día de un color. El museo por dentro es maravilloso, hay muchísimas salas y cuando fuimos nosotros había una exposición muy interesante de Barcelona. Al salir de allí empezó a llover y en la salida varias personas vendían paraguas, nos pareció muy extraño, pero por lo visto esos paraguas son de usar y tirar. Fuimos a comer a un restaurante cerca de allí. A mi, personalmente, me gustó muchísimo la pizza de queso de Nueva York, es delgada y está riquísima.
Yo había oído hablar de la famosa tienda Macy's y me apetecía muchísimo ir a mirar, no perdimos tiempo y nos pusimos a andar. Y compramos algunas cosas, una colonia barata, pantalones, camisas de marca que en España eran más caras
Yo había oído hablar de la famosa tienda Macy's y me apetecía muchísimo ir a mirar, no perdimos tiempo y nos pusimos a andar. Y compramos algunas cosas, una colonia barata, pantalones, camisas de marca que en España eran más caras
Al salir seguía lloviendo y nosotros no teníamos paraguas y descubrimos la amabilidad de los neoyorquinos. Íbamos mojándonos cuando se nos acercó un chico de unos 30 años y nos ofreció su paraguas, nos explicó en inglés que él vivía a unas calles de allí y lo tiraría antes de llegar a casa. Se lo cogimos de muy buen agrado, pero lo que más nos sorprendió fue la situación, eso no pasa en España. Una hora más tarde el paraguas se rompió, se nota que era de usar y tirar.
El último día en Nueva York lo dedicamos a repetir nuestro viaje en el ferry, ya que nos gustó muchísimo la primera vez y a caminar sin rumbo, viendo los edificios que días atrás nos parecían tan enormes.
Se había acabado nuestro viaje. Mi sueño se había hecho realidad, había estado en una de las ciudades más conocidas e impresionantes del mundo. No puedo decir que las cosas que visité fueran bonitas, lo que yo vi allí es, en una palabra, IMPRESIONANTE!! Es realmente la ciudad que nunca duerme y espero volver pronto.
Jorge
Escribe tu relato al igual que Jorge a nuestro e-mail.
Bonito relato de un viaje idílico con el que todos soñamos, yo lo hice, eso sí algo más alocado que la tuya Jorge. Yo estoy planificando el mío con destino a Sidney, Australia. Espero poder contarolo en este Blog.
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